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El teletrabajo ha llegado para quedarse. Trabajamos como vivimos

  • Opinión

Santiago Campuzano

Country Manager de Citrix Iberia

Y por fin llegó la calma. Parece que, muy lentamente, la situación generada por la crisis del coronavirus se estabiliza en toda la sociedad, tanto en el plano personal como en el profesional. Han sido unos meses muy duros que, especialmente en España, no se olvidarán y que han supuesto un reto muy difícil de superar. Desde el punto de vista profesional y, en concreto, en el ámbito de la tecnología ha sido un reto enorme para las organizaciones mantener la capacidad productiva a través del plan de continuidad de negocio, con grandes retos en las áreas de infraestructuras, comunicaciones y movilidad extrema, con implementación de programas de teletrabajo.

Un reto para todos, aunque mayor en empresas donde ni existía la posibilidad tecnológica ni la cultura o el liderazgo para llevarlo a cabo. Después de ser participes en proyectos con la mayoría de las grandes empresas y organizaciones públicas, podemos decir que la continuidad de negocio ha sido muy exitosa y con una fuerte implementación de los modelos de acceso remoto. Y digo modelos de acceso remoto y no teletrabajo porque evidentemente lo que estamos viviendo en estos días no es un modelo de teletrabajo y, mucho menos, de smartworking. Sin embargo, se ha demostrado que la tecnología y las personas están sobradamente preparados para aceptar que, probablemente, el teletrabajo ha llegado para quedarse. Aunque quedan muchas tareas pendientes para que pueda ser efectivo y beneficioso para las personas, las empresas y la sociedad.

Desde el punto de vista de las personas quizás nos hemos llevado lo peor del teletrabajo y ninguna de sus ventajas. Entre otras vicisitudes hemos vivido unas jornadas de trabajo interminables, escasa comunicación dentro de la organización informal, falta de medios para tener un espacio físico de trabajo mínimamente preparado, tener que adecuar el hogar para que todo el mundo pudiera cumplir con sus obligaciones o formativas, carencias en las comunicaciones, problemas para conciliar el entorno profesional y el familiar o, en algunos casos, incluso llevar el ordenador físico desde la oficina a casa. Visto así, sinceramente no es un panorama muy halagüeño. Después de haber vivido prácticamente toda mi carrera profesional en entidades que permitían y fomentaban el teletrabajo, esto no es teletrabajo.

Si bien se ha demostrado que el teletrabajo, tecnológicamente, es un reto superado, desde el punto de vista cultural y desde el liderazgo quedan aún tareas pendientes.

En el plano personal los beneficios, en un entorno bien gestionado, son muchos. Facilidad en la conciliación familiar, mayor productividad personal al evitar las horas punta de tráfico o mejora en algunos hábitos de vida como la alimentación o el deporte, En definitiva, un modelo motivador en casi todos los aspectos, ofreciendo ventajas profesionales y personales. Para las empresas ha sido una lucha contrarreloj y, en muchas ocasiones, sin un destino muy claro. Evidentemente los objetivos de los planes de continuidad de negocio eran conocidos, sin embargo, más allá del puro ámbito tecnológico.

Pero si bien se ha demostrado que tecnológicamente es un reto superado, desde el punto de vista cultural y desde el liderazgo quedan aun tareas pendientes. Para empezar, el teletrabajo supone un ejercicio de responsabilidad bidireccional. Por parte de los miembros del equipo tienen que ser capaces de gestionar su tiempo, sus actividades y sus objetivos; y, por parte de los managers se deben fijar medidas de control basadas en KPI’s, al tiempo que se huye del micromanagement.

A decir verdad, todos los equipos tienen que entender que la situación vivida, a pesar de estar con una teórica mayor disponibilidad, requiere una mayor flexibilidad con menor carga de reuniones virtuales y, sobre todo, ayudando a proteger el individuo dentro de su espacio y fuera de la organización no funcional de la empresa. En definitiva, garantizar la productividad global sin sobrecargar a las personas porque exigir resultados no tiene que ver con controlar el trabajo. Además, existen ahorros relevantes en los gastos asociados a los edificios e infraestructuras, se producen reducciones significativas del absentismo y, en la sociedad multigeneracional en la que vivimos, supone un factor importante de atracción de talento.

Más que nunca el trabajo es lo que se hace, no donde se hace. Por último, desde el punto de vista social también el teletrabajo tiene un impacto relevante. Aparte de permitir reducir el tráfico general, con la consecuente reducción de la contaminación, también ahorra tiempo a todos los trabajadores que se ven afectados por la reducción del tráfico en la hora punta. Por supuesto, también se disminuyen los incidentes y accidentes de tráfico en el tiempo de desplazamiento al lugar de trabajo. Más allá de hacer demagogia acerca de modelos de transformación digital, que en muchos casos poco tienen que ver con el teletrabajo o el smartworking, debemos ser pragmáticos en entender porqué la llamada nueva normalidad va a afectar también a la forma en la que las personas trabajan.

Como consecuencia de la revolución socio-tecnológica de los últimos años nuestra forma de entender el uso de dispositivos y aplicaciones ha cambiado, siendo una parte intrínseca casi de nuestra naturaleza humana actual, por ello adaptarnos a usarlo no ha sido complicado, aunque sí gestionarlo en la situación vivida. Ahora más que nunca trabajamos como vivimos.

Sin embargo, también es cierto que la experiencia digital se ha convertido en un componente, diríamos, que intrínseco a nuestra forma de vida. Por ello, la selección correcta de la tecnología es si cabe más crítica que nunca. Ya que no en vano buscamos de forma nativa una experiencia digital óptima, que ayude a satisfacer las expectativas del usuario, permita entornos flexibles y dinámicos desde el punto de vista de IT y, por supuesto, lo haga en un entorno de seguridad.

Nuestra experiencia nos ha permitido a ayudar a que más de medio millón de personas trabajen desde sus casas en estos días y creemos que únicamente es viable con una visión holística del proceso, por ello, cuando hablamos de los espacios de trabajo inteligentes o digitales y de la transformación del puesto, pensamos en una forma de acceso única que no cambie la experiencia del cliente con la máxima seguridad, independientemente del dispositivo y de donde esté el usuario y adaptándose a ese contexto; y, lógicamente, acompañado del modelo adecuado de infraestructura, ya sea cloud u on premise en función de la estrategia de la organización.

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Santiago Campuzano, country manager de Citrix Iberia