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Fab Lab y movimiento maker: formar en la era digital

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Más de 75 expertos nacionales e internacionales han participado en el análisis del potencial de la fabricación digital y el movimiento maker para la creación de nuevos puestos de trabajo durante la próxima década. El estudio afirma que la automatización y el rápido avance de los sistemas de inteligencia artificial anticipan una transformación radical del mercado de trabajo durante los próximos años.

La Fundación Orange ha presentado "Fabricación digital, movimiento maker y futuro del trabajo", un estudio que se adentra en la realidad de los espacios colaborativos de creación y fabricación digital, el movimiento maker y su impacto en los ámbitos educativo y de empleo.

Realizado por César García Sáez, cofundador de Makespace Madrid y Presidente de la Red Española de Creación y Fabricación Digital, con el apoyo de la Fundación Orange, el informe traza una panorámica sobre el fenómeno Fab Lab (laboratorios de fabricación digital) y el movimiento maker, conceptos que, espoleados por la popularidad de la impresión 3D, la automatización, el internet de las cosas, la inteligencia artificial y la robótica, están consolidando una nueva forma para desarrollar competencias de formación e inserción laboral, basadas en la posibilidad de experimentar, de aprender, de prototipar, de fabricar y compartir el conocimiento.

El estudio explica los orígenes y la evolución del movimiento maker, ahondando en sus diferentes aproximaciones y detalla toda la serie de procesos productivos que engloba la fabricación digital, catalogándola como fabricación aditiva (la impresión 3D es el ejemplo más claro), fabricación sustractiva (por ejemplo, con las fresadoras de control numérico) o fabricación por corte (a través de máquinas de corte láser, cortadoras de plasma y/o cortadoras de agua para metales).

El movimiento maker como entorno de aprendizaje
El estudio constata que los Fab Labs como recursos educativos son una tendencia clara en múltiples países y que estos espacios de fabricación digital están apareciendo en colegios y bibliotecas, incorporando nuevos elementos tangibles dentro del proceso de aprendizaje ordinario.

Los Fab Labs y Makespaces sirven como espacios de aprendizaje informal entre pares y, adicionalmente, muchos de ellos funcionan a través de grupos de trabajo en los que se establece una temática común y todos participan del proceso de creación y aprendizaje. De esta forma, se crea un entorno muy beneficioso para el desarrollo de competencias transversales tales como la creatividad, el trabajo en equipo, la resiliencia o la capacidad de organizar y realizar las tareas propias. Estos espacios pueden ayudar a inspirar confianza en los jóvenes y potenciar su espíritu emprendedor, así como empoderarles como agentes de cambio en sus comunidades.

Movimiento maker y tendencias en el mercado laboral
Aunque el eco mediático para el gran público en muchas ocasiones se lo llevan algunos llamativos proyectos de impresión 3D o de robótica, la solidez del impacto socioeconómico del entorno Fab Lab y del concepto maker va más allá, aportando soporte para adquirir nuevas habilidades que permitan conseguir empleo.

El informe revela que el movimiento maker ha suscitado mucho interés durante los últimos años debido al potencial para el emprendimiento y las múltiples historias de éxito. No en vano, en ese breve tiempo, se han creado muchas empresas relacionadas con la fabricación digital que están cubriendo distintos sectores, como los tecnológicos o medioambientales, por ejemplo, y que, además, ayudan, entre otras cosas, a la creación de puestos de trabajo de tipo técnico, creativo o artesano.

Asimismo, el informe apunta a que, frente al modelo de los conglomerados industriales masivos, surgen toda una nueva serie de PYMES, capaces de satisfacer mejor las necesidades de sus clientes a pequeña escala. La fabricación digital permite, entre otras cosas, establecer pequeños centros de producción mucho más cercanos al consumidor que las grandes fábricas situadas, muchas veces, en las antípodas del propio consumidor. Esto podría presentar una alternativa al mercado global estableciendo otro tipo de economía basada en el conocimiento global y la producción local: la economía circular.