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Las grandes tecnológicas estadounidenses siguen perdiendo el favor del Gobierno

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La Cámara de Representantes de Estados Unidos acaba de publicar un informe antimonopolio que revela las malas prácticas monopolísticas de las grandes empresas tecnológicas del país. En su opinión, estas compañías han crecido demasiado y se burlan de las leyes anti-competencia, por lo que recomiendan realizar importantes cambios estructurales que permitan controlar mejor sus actividades.

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Durante mucho tiempo, la administración Trump se ha volcado en proteger a sus grandes empresas tecnológicas frente a las nuevas regulaciones proteccionistas de otras regiones como Europa. Un ejemplo son las grandes presiones que ha ejercido el Gobierno contra los países que han tratado de imponer cargas fiscales a los negocios de estas empresas en sus respectivas regiones. Pero ahora el Estado norteamericano se está volviendo contra ellas, ya que consideran que están infringiendo sus leyes anti-competencia.

Este cambio de actitud viene de la mano de un subcomité antimonopolio formado por miembros de la cámara de representantes, sobre todo del Partido Demócrata, que han investigado a fondo las actividades de las empresas como Amazon, Apple, Google y Facebook, entre otras. Con la información que han recabado han elaborado un informe en el que denuncian las malas prácticas de estas empresas.

Los investigadores destacan que estas empresas han alcanzado tal volumen que sus actividades se consideran monopolistas, y es preciso controlarlas para que no manipulen a su favor los mercados en los que operan. Uno de los problemas que consideran más graves es que estas cuatro grandes compañías han llevado a cabo lo que denominan “adquisiciones asesinas”, cuyo objetivo no es otro que dañar a sus competidores. Además, habrían cobrado tarifas desorbitadas y obligado a las pequeñas empresas a firmar contratos opresivos. Por ello, afirman que es preciso un cambio de rumbo, que pasa por llevar a cabo grandes cambios en sus estructuras.

En el informe los expertos dicen que “juntas, las empresas investigadas por el Subcomité han adquirido cientos de empresas sólo en los últimos diez años. En algunos casos, una empresa dominante evidentemente adquirió competidores emergentes o potenciales para neutralizar una amenaza competitiva o para mantener y expandir el dominio de la empresa. En otros casos, una empresa dominante adquirió empresas más pequeñas para cerrarlas o descontinuar los productos subyacentes por completo, transacciones descritas acertadamente como adquisiciones asesinas”.

Las conclusiones de este informe van más allá, porque sus responsables plantean la posibilidad de que los reguladores impidan a estas compañías controlen o compitan en los mismos mercados. Incluso que no puedan ser legalmente propietarias de otras grandes empresas digitales, por ejemplo, que Google no pueda poseer YouTube o el sistema operativo Android. Aunque esto resulta casi impensable, y seguramente no se lleve a cabo, lo cierto es que las grandes tecnológicas de estados Unidos están perdiendo el favor de las autoridades del país.

Esto podría debilitar su posición en mercados internacionales, o al menos abrir las puertas a que otros países o, incluso, la OCDE, puedan elaborar regulaciones más estrictas para protegerse de la conducta monopolista de estas empresas, y fiscalizar sus actividades para evitar la fuga de capital que se está produciendo por el gran crecimiento de sus negocios en la era digital.

Como ha explicado el presidente del Comité Judicial Jerrold Nadler y el presidente del Subcomité Antimonopolio David N. Cicilline, “tal como existen hoy, Apple, Amazon, Google y Facebook poseen cada una un poder de mercado significativo sobre grandes franjas de nuestra economía. En los últimos años, cada empresa ha expandido y explotado su poder del mercado de manera anticompetitiva”. Y señalan que su investigación “no deja lugar a dudas de que existe una clara y apremiante necesidad de que el Congreso y las agencias antimonopolio tomen medidas que restauren la competencia, mejoren la innovación y salvaguarden nuestra democracia”. Y subrayan que su informe proporciona una hoja de ruta viable para lograrlo.

El problema principal que ha llevado a esta situación es la política de autorregulación que el gobierno estadounidense aplica a ciertas industrias, y que en este caso ha abierto las puertas a todo tipo de prácticas abusivas por parte de estas multinacionales. Como explica la congresista Pramila Jayapal, “después de realizar la primera gran investigación antimonopolio del Congreso de este país en décadas en las que celebramos audiencias, escuchamos a expertos y cuestionamos a los directores ejecutivos de las plataformas tecnológicas dominantes, puedo decir de manera concluyente que la autorregulación de las grandes tecnologías se produce a expensas de nuestras comunidades, empresas, consumidores, prensa libre e innovación”.

Y añade tajantemente que, “al reafirmar el poder del Congreso, ahora tenemos una hoja de ruta minuciosamente investigada y meticulosamente razonada para el trabajo que tenemos por delante mientras controlamos el comportamiento anticompetitivo, ayudamos a prevenir prácticas monopólicas y permitimos que la innovación prospere”. Por su parte, el Representante Val Demings dice que su investigación ha revelado un patrón altamente alarmante de “prácticas comerciales que degradan la competencia y sofocan la innovación”.

Afirma que “estas empresas han logrado avances notables que han dado forma a nuestros mercados y nuestra cultura, pero sus actos anticompetitivos han tenido un costo para los consumidores y las pequeñas empresas”, y concluye diciendo que tomarán “las medidas necesarias para responsabilizar a los infractores de las reglas”. Este cambio de rumbo del gobierno viene apoyado por otras políticas que se están lanzando en los últimos meses, y que tienen como objeto conocer más sobre las actividades de las empresas y controlar que operan dentro de la ley. Lo que no está claro todavía es cómo actuarán las autoridades en base a este informe, y si desplegarán medidas