Evolución de la identificación biométrica para la aplicación de la ley

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Los nuevos Sistemas de Identificación Biométrica Automatizada Multimodal (ABIS) se han convertido en el sustituto natural de las plataformas tradicionales para la identificación de criminales. Las mejoras que ofrece en cuanto al hardware y software de identificación y registro biométrico están convenciendo a las autoridades, que en los próximos años adoptarán estos sistemas para ganar en precisión, escalabilidad y capacidad para integrar nuevas tecnologías.

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Los servicios de seguridad pública llevan mucho tiempo utilizando tecnologías de identificación basados en huellas dactilares para verificar la identidad de los delincuentes. Uno de los más extendidos actualmente es el Sistema Automatizado de Identificación de Huellas Dactilares (AFIS), muy popular por su aparición en ciertas series de televisión enfocadas a la investigación criminal. Pero esta tecnología se está quedando obsoleta frente a los modernos sistemas de identificación biométrica que han surgido en los últimos años.

Ahora, las autoridades están comenzando a adoptar Sistemas de Identificación Biométrica Automatizada Multimodal (ABIS), que han mejorado mucho las capacidades a nivel de software, permiten utilizar nuevos dispositivos fijos y para el trabajo de campo y permiten incorporar nuevas tecnologías de registro biométrico que aportan soluciones útiles a las fuerzas de seguridad. Además, se basan en algoritmos de coincidencia biométrica más avanzados y se pueden adaptar a numerosos casos de uso, no solo a la investigación forense, sino a la seguridad, la atención sanitaria y otros ámbitos.

La firma ABI Research acaba de publicar un informe en el que destacan que las ventajas del sistema ABIS lo convierten en el sustituto natural de ABIS, y esta nueva tecnología está captando el interés de las autoridades en muchos países. Sobre todo, porque las mejoras que ofrece van más allá de acabar con la obsolescencia de la infraestructura anterior, ya que permite incorporar de forma escalable las nuevas tecnologías de identificación biométrica que han ido apareciendo, y las que vendrán. Y su aplicación trasciende los usos tradicionales del AFIS, pudiendo utilizarse de forma coordinada en diferentes ámbitos, como el judicial, el de seguridad ciudadana, investigación criminal e, incluso, reconocimiento biométrico en fronteras y lugares de tránsito, entre otros.

En su informe, Dimitrios Pavlakis, analista senior de seguridad digital en ABI Research comenta que “en los últimos años, las tecnologías biométricas se han vuelto más relevantes para los gobiernos de todo el mundo, a medida que las plataformas de identificación de las fuerzas del orden amplían su capacidad de base de datos, su potencial de procesamiento y su versatilidad de aplicaciones. Esta expansión está transformando las iniciativas de identificación para la justicia penal, la vigilancia y el control de fronteras, entre otros mercados gubernamentales adyacentes, incluidos ABIS civil, inmigración, aplicaciones electorales e incluso de atención médica”.

Las previsiones de los expertos son que en la próxima década se incrementará significativamente el gasto gubernamental en estas nuevas plataformas, y se verá un aumento de ventas de nuevos dispositivos biométricos de diferentes categorías, tanto fijos como portátiles. Estos incluirán los escáneres de huellas digitales y palmares, los dispositivos de reconocimiento facial y de iris y los dispositivos para el trabajo de campo. Pero también se producirá una expansión de las aplicaciones conectadas a ABIS que permitan utilizar su tecnología de reconocimiento en dispositivos móviles, estaciones de trabajo biométricas y otras categorías de software forense biométrico.

Aunque Pavlakis puntualiza que la hoja de ruta para la implementación de estas tecnologías no será rápida, debido al importante coste que supone adquirir los sistemas y dispositivos, y al gasto derivado de servicios adicionales, algo que preocupa a os gobiernos porque supone un aumento considerable del TCO. Además, la implementación de estos nuevos sistemas es muy laboriosa y tiene que planificarse respetando leyes cada vez más restrictivas. Todo ello está generando diferencias de opinión y de enfoque entre los funcionarios, los especialistas en tecnología y los asesores presupuestarios. Hay muchas variables en juego que pondrán dificultades al despliegue de las nuevas tecnologías, peor indudablemente ABIS acabará sustituyendo al actual sistema AFIS, algo que se verá a lo largo de los próximos años.

En sus conclusiones, Pavlakis señala algunos de los puntos clave que los gobiernos esperan que tengan en cuenta los integradores de sistemas y proveedores de plataformas de identificación biométrica de cara a esta actualización. Principalmente, apunta a las “restricciones regionales, irrupción en nuevos mercados regionales, evitar el bloqueo de proveedores mediante la adopción de estándares de arquitectura abierta para ABIS”. Pero también considera fundamental el desarrollo de soluciones interoperables y que permitan reducir el TCO y los costos anuales de mantenimiento sin que el sistema se vuelva menos confiable. Esto tiene que ver también con las actualizaciones que vayan surgiendo, con la migración de los servidores entre proveedores de plataformas biométricas y con la necesidad de que se pueda cooperar entre agencias mediante el intercambio seguro de datos.