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Los asistentes digitales se enfrentan a problemas de privacidad

  • Inteligencia Artificial

Google

Con el descubrimiento de que Google estaba transmitiendo fragmentos de conversaciones a analistas para que las estudiasen se abre una nueva polémica en torno a los asistentes virtuales y la privacidad. El problema es que esta tecnología no está regulada adecuadamente, y las empresas propietarias acceden a mucha información personal de los usuarios, que debe ser tratada escrupulosamente, pero no se hace.

La tecnología que hay detrás de los asistentes digitales se alimenta de datos, en forma de conversaciones entre los humanos y sus smartphones o altavoces inteligentes. Estas frases deben ser analizadas para mejorar la interacción entre la tecnología y las personas, si se quiere lograr una mayor personalización de los servicios que se dan al usuario. Pero aquí entra la privacidad de los datos confidenciales y, al fin y al cabo, los asistentes inteligentes están escuchando constantemente, a la espera de recibir las palabras clave que activan su funcionamiento.

Según parece, Google ha recogido conversaciones a través de su asistente virtual Google Assistant, que después ha enviado a un “ejército” de subcontratistas dedicado a analizar estos clips de audio. Ya sean los fragmentos de órdenes dadas a los asistentes, o conversaciones cogidas “al vuelo”, estos clips contenían información de todo tipo, entre ella de carácter personal, como nombres, direcciones o detalles sobre la vida personal de los usuarios.

La filtración de esta información a los medios ha puesto a Google contra las cuerdas en Europa, y la compañía se ha visto obligada a bloquear las transcripciones de voz recogidas dentro de la UE. Esto no significa que no funcionen los asistentes personales en uso, sino que Google no puede continuar con esta política, que viola flagrantemente los derechos protegidos por la normativa GDPR, entre otras.

Como consecuencia, podría verse resentido el proceso de evolución del motor de IA que hay detrás del Google Assistant, que aprende de la información que se le suministra. En cuanto a su competencia, Alexa, en abril de este año se supo que Amazon estaba realizando revisiones de las grabaciones captadas por sus dispositivos Echo, lo que a su vez ha acarreado problemas similares a los de Google a la compañía.

La cuestión es que han saltado las alarmas sobre el uso que se está haciendo de la información que recogen los asistentes personales virtuales, un tema muy sensible en regiones como Europa, protegida por férreas leyes de protección de la privacidad. Esto podría tener efectos negativos sobre un negocio que se encuentra en un momento clave de expansión. Para paliar los efectos negativos de este bloqueo, Google está trabajando con las autoridades europeas para desarrollar una metodología que permita el análisis de la información recogida legítimamente, permitiendo avanzar a la tecnología a la vez que se respetan los derechos de los ciudadanos.