La UE desestima el impuesto europeo para las grandes tecnológicas

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Tras muchas deliberaciones, las autoridades europeas han decidido detener el plan fiscal con el que pretendían imponer nuevas tasas a las grandes empresas tecnológicas. En lugar de implementar un régimen de impuestos específico para la UE, han decidido acogerse al sistema presentado por el G20, que establece unos impuestos corporativos del 15%, siguiendo la recomendación de la OCDE.

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En los últimos años las autoridades de varios países europeas han exigido la creación de una nueva regulación fiscal europea para las grandes multinacionales tecnológicas, que apenas pagan impuestos en países donde generan ingresos multimillonarios. Esta fuga de capital ha llevado a varios países como Francia, Italia e, incluso, España, a considerar la imposición de tasas propias dentro de sus fronteras. Tras mucha controversia y una fuerte oposición de otro bloque de países dentro de la UE, Europa parecía decidida a crear una regulación fiscal más estricta para estas empresas.

A su vez, la OCDE estaba presionando para desarrollar una regulación de alcance internacional sobre la fiscalidad de las grandes corporaciones y empresas digitales, con el que pretendían normalizar la situación global. Para muchos países agraviados por las prácticas de estas empresas no estaba nada claro que la regulación fuese a ver la luz, pero recientemente el G20 ha acordado un sistema internacional de impuestos corporativos del 15%, lo que ha llevado a Europa a paralizar su proyecto de ley para regular los impuestos de estas empresas.

Como han explicado los responsables de este acuerdo, está previsto que la nueva regulación internacional se envíe en su forma final al G20 este mismo octubre, lista para su aprobación. Al conocerse esta noticia, la Comisión Europea ha emitido un comunicado en el que afirman que esta nueva medida traerá equidad y estabilidad al marco internacional de los acuerdos competitivos.

Esto tiene el potencial de acabar con los paraísos regulatorios que benefician a las grandes empresas tecnológicas, que en el marco europeo ha estado representado durante mucho tiempo por Irlanda. En este país, y en sus homólogos en otras regiones del mundo, las autoridades ofrecían enormes ventajas fiscales a estas empresas, atrayendo sus actividades al país para impulsar la economía digital en detrimento de sus países vecinos, donde las grandes multinacionales tecnológicas apenas pagaban impuestos.

Ahora, la Comisión Europea ha dicho que “este consenso sin precedentes marcará el comienzo de una reforma completa del sistema internacional de impuestos corporativos. Esto incluirá una reasignación de derechos impositivos que significará que las empresas más grandes del mundo tendrán que pagar impuestos dondequiera que realicen negocios. Al mismo tiempo, una tasa impositiva efectiva mínima global de al menos el 15% ayudará a frenar la planificación fiscal agresiva y detendrá la carrera por ofrecer impuestos corporativos más bajos”.

El comisario europeo de Economía, Paolo Gentiloni, comentó este martes que “el G20 ha respaldado hoy el acuerdo global sin precedentes sobre la reforma del impuesto de sociedades, alcanzado la semana pasada y ahora respaldado por 132 jurisdicciones. Se ha dado un paso audaz, uno que pocos hubieran creído posible hace solo unos meses”. Añade que “esta es una victoria para la equidad fiscal, la justicia social y el sistema multilateral. Pero nuestro trabajo no ha terminado. Tenemos hasta octubre para finalizar este acuerdo. Soy optimista de que en ese momento también podremos llegar a un consenso entre todos los Estados miembros de la Unión Europea sobre esta cuestión crucial”.

Ante este movimiento del G20, Daniel, Ferrie, portavoz de la Comisión Europea, dijo a la cadena BBC que Europa ha decidido suspender su trabajo para desarrollar e implantar un impuesto digital europeo. Y ha dicho que es necesario “poner fin a que las corporaciones transfieran ingresos de capital a jurisdicciones de impuestos bajos y a trucos contables que les permitan evitar pagar su parte justa”.

Aunque la Comisión se ha pronunciado en este sentido, varios países de la Unión se han opuesto, y son precisamente los que no querían que Europa impusiese impuestos a estas empresas (Irlanda, Hungría y Estonia), ya que se beneficiaban mucho de la anterior situación y no quieren perder la ventaja que habían obtenido con medidas de rebaja fiscal a estas grandes empresas. Las autoridades de Irlanda afirman que las medidas de su país habían funcionado muy bien, y les habían permitido capturar unos 10.000 millones de euros al año, el doble de la media europea.

Pero la realidad es que estas ganancias se han obtenido a costa de las pérdidas de otros países, ya que las grandes tecnológicas no iban a dejar de prestar servicio en Europa, y países como irlanda se han beneficiado gracias a que no existía una regulación eficaz para que las multinacionales tuviesen que pagar impuestos de acuerdo a los ingresos obtenidos de los clientes en cada país. Todavía hay que esperar a la ratificación de esta nueva regulación internacional por los 132 países que se han sumado a la iniciativa del G20, y también a la aprobación del Congreso de los Estados Unidos, donde la gran influencia del partido republicano preocupa mucho a las autoridades de muchos países europeos que están a favor de esta normativa.