Saltan las alarmas por la escasez de chips para tarjetas de pago

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La crisis de semiconductores afecta a muchas industrias, y una que pasa desapercibida en esta situación es la de tarjetas bancarias, que también incluyen esta tecnología. Según un informe reciente, está aumentando el riesgo de escasez de chips para las tarjetas de pago que deberán ser renovadas, lo que podría tener un impacto perceptible en el PIB mundial.

En el último año la demanda global de semiconductores de muchas categorías ha crecido de tal forma que los fabricantes no pueden satisfacer los pedidos de chips para gran cantidad de productos. Se habla mucho de los problemas que afectan a la industria automotriz, la de informática o la de dispositivos móviles, pero este problema está teniendo mucho impacto en otros ámbitos. Uno de los que han pasado desapercibidos es el de los pagos bancarios a través de tarjetas, pero los expertos de ABI Research alertan de que se está preparando una grave crisis de chips para estas tarjetas, que se emplean en los pagos en todo tipo de establecimientos físicos y digitales.

Según su última investigación sobre este mercado, se corre el riesgo de que hasta mil millones de tarjetas de pago queden invalidadas en los próximos 18 meses, y la falta de chips podría dificultar el ritmo normal de renovación. Sus estimaciones son que este año unos 347 millones de tarjetas podrían quedar obsoletas en todo el mundo, y otras 740 el año que viene. Y muestran que la oferta de chips para estos artículos es totalmente incapaz de cubrir la demanda que impondrán las renovaciones.

Phil Sealy, director de investigación de seguridad digital de ABI Research, explica que “aunque no necesariamente reciben la atención o el apoyo de los gobiernos que merecen, las tarjetas de pago son un facilitador fundamental para las economías globales, tanto desde la perspectiva del consumidor como de la empresa”. Hace hincapié en que el acceso a estas tarjetas de pago es un requisito fundamental para sostener el crecimiento de las transacciones digitales, tanto en las compras en establecimientos físicos como por Internet. En su opinión, “la falta de tarjetas de pago se traducirá directamente en menos compras, lo que en última instancia tendrá un impacto negativo en el PIB”. Por ello, alerta de que este problema debería situarse como una de las principales prioridades de la industria de chips.

La solución a este problema depende de cómo los actores en el ecosistema bancario y de pagos vayan percibiendo el impacto sostenido de esta escasez, que les impedirá expedir las tarjetas renovadas a los consumidores y empresas. Por ello, Sealy destaca que es vital que haya una mayor transparencia, una comunicación más clara y un mayor esfuerzo colaborativo por las distintas partes interesadas para que este problema no se agrave y se haga más insostenible a corto y medio plazo.

Añade que “hasta ahora, la comunicación de los grupos, foros y asociaciones de la industria ha sido holística y de alto nivel por naturaleza. Se requiere información más específica y detallada relacionada con los aumentos de precios y los plazos de entrega esperados”. Por ello, recomienda que la situación se comunique claramente con la industria en general, con el fin de generar más confianza y evitar que el pánico ante la no disponibilidad genere comportamientos de compra y acumulación masiva que perjudicarían a todo el ecosistema.

Para ilustrar las dimensiones de esta escasez, explica que durante la primera mitad de 2021 el impacto que ya está teniendo la escasez de chips en el sector se ha mantenido prácticamente oculto, y se ha compensado consumiendo el inventario existente. Pero en la segunda mitad del año esto no se sostendrá, y la escasez comenzará a hacerse más patente, acrecentándose a medida que avance 2022.

Ante esta realidad, Sealy dice que es vital elaborar cuanto antes una estrategia y enfocarse en la implementación de procesos para ayudar a minimizar los problemas que vendrán en los próximos trimestres, cuando muchos clientes no podrán utilizar sus tarjetas, ya que estarán caducadas y sin posibilidad de una renovación a tiempo. Esto implica que los emisores de tarjetas deberán ejercer más control y priorizar las áreas más importantes, así como dar preferencia a las tarjetas de crédito, por encima de las de débito.

Esto podría mitigar el impacto general en las transacciones, pero de poco servirá si los bancos no aprovechan la situación para auditar sus procesos y evaluar las dimensiones del problema con el fin de mejorar la gestión de inventario y de las renovaciones. Asimismo, Sealy dice que “las redes de pago deberían trabajar en un proceso de certificación simplificado a corto plazo para ayudar a acelerar los aumentos de capacidad, y los laboratorios de certificación se consideran uno de los grandes cuellos de botella del mercado”.