La identidad digital sustituirá a las credenciales tradicionales

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Identidad digital

Según los expertos, la tecnología de identidad digital va a despegar a medida que los gobiernos y los proveedore de servicios se adapten a la nueva realidad digital de la sociedad. La necesidad de reducir costes y mejorar la experiencia de los ciudadanos impulsará la adopción de la identidad digital en muchos países, después de años de intentos mal enfocados que no han logrado convencer a las partes interesadas.

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La identidad digital está llamada a sustituir a las fórmulas tradicionales de identificar a las personas en entornos digitales, tanto de carácter público como privado. Los sistemas que se utilizan actualmente para identificarse en los portales electrónicos de la administración pública generan mucha fricción, especialmente entre las personas con menos base tecnológica. Al mismo tiempo, los servicios digitales del ámbito privado en los que se requiere una identificación personal basada en la identidad real están buscando métodos alternativos para facilitar el inicio de sesión en sus sistemas.

Estos factores están convergiendo para impulsar las nuevas tecnologías de identidad digital, que permitirán a los ciudadanos acceder a servicios públicos, de banca, seguros e infinidad de servicios vinculados a la identidad de una forma más sencilla y rápida, con total seguridad. La identidad digital asocia toda la información digital correspondiente a una persona física o jurídica, o a una máquina, proporcionando una representación digital de la misma. Esto permite identificar de forma inequívoca a los intervinientes en transacciones digitales y económicas, tanto en el sector público como en el privado.

Los responsables de que esta tecnología se haga realidad son los gobiernos, que en su camino hacia la digitalización de las administraciones y servicios públicos van a acelerar la implantación de esta tecnología en los próximos años. Según las investigaciones de GlobalData, estas iniciativas han tardado en despegar, pero ahora es el momento, ya que los casos de uso se han multiplicado, abarcando desde los servicios financieros hasta el seguimiento y la gestión de identidades en el metaverso.

En opinión de David Bicknell, analista principal del equipo de inteligencia temática de GlobalData, “se necesitó una pandemia mundial para que los gobiernos reconocieran que los certificados de vacunación en los teléfonos inteligentes que permitían viajar al extranjero eran la mejor aplicación que la identidad digital podía ofrecer y que las personas podían usar, incluso si no la reconocieran como identidad digital”.

Comenta que China es el país más avanzado en identidad digital, ya que cuenta con los sistemas más modernos de vigilancia y crédito social. En el ámbito europeo los países más centrados en este avance son los países nórdicos y Estonia, con su sistema de identificación Aadhaar, mientras que la UE está dando pasos para asignar credenciales de identidad digital a los ciudadanos, accesibles desde monederos digitales. En Reino Unido se está implementando el programa “One Login” ara acceder a los servicios públicos online y en Australia y Nueva Zelanda también se están dando pasos para legislar la identidad digital. Curiosamente, Estados Unidos es el país más rezagado en este sentido, ya que sus iniciativas están muy dispersas y no existe un criterio único de ámbito federal.

Bicknell dice que “la implementación de controles de identidad contra el lavado de dinero (AML) y KYC (Know Your Customer) por parte de los reguladores de servicios financieros ha catalizado la adopción de la identidad digital”. En este sentido, destaca los avances de la UE para lograr que sus ciudadanos tengan una identidad digital para el año 2024, que tienen varios objetivos, entre ellos la eliminación del efectivo en favor de monederos digitales.

Por su parte, las grandes tecnológicas también está volcadas en el desarrollo e implementación de la identidad digital, integrando los documentos actuales en plataformas únicas accesibles desde los dispositivos móviles. Esto incluye DNI, permisos de conducción, tarjetas de crédito y débito, etc. El objetivo es facilitar las compras y pagos digitales en tiendas online y físicas, y en algunos casos facilitar el acceso a servicios de la administración pública.

También están poniendo el foco en eliminar el anonimato en las publicaciones en redes sociales, facilitar la colaboración segura en entornos de trabajo, los procesos de reclutamiento de trabajadores y un sinfín de procesos en los que se requiere una verificación de la identidad personal. En opinión de Bicknell, “el potencial de las identidades descentralizadas garantiza la protección de la privacidad y promete experiencias de incorporación sin fricciones, cumplimiento eficiente de Know Your Customer y reducciones drásticas en las tasas de robo de identidad”.

Además, aclara que la identidad digital no se circunscribe a las personas y organizaciones, sino también a las máquinas, que permitirán identificar sin posibilidad de error cualquier dispositivo o carga de trabajo. Bicknell asegura que en los próximos años se verá un desarrollo acelerado de la identidad digital de cargas de trabajo, abarcando aplicaciones y servicios, e identidades de dispositivos móviles, IoT, tecnología operativa (OT) y ordenadores personales.