Las tensiones geopolíticas perjudican a la industria de telecomunicaciones

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Durante la etapa de Donald Trump al frente del gobierno de EEUU se han agravado las tensiones geopolíticas con China, lo que está teniendo efectos nocivos en muchas industrias en todo el mundo, como la de telecomunicaciones. Las prohibiciones de usar tecnología de empresas chinas en el despliegue de las redes 5G en muchos países occidentales está lastrando la buena marcha de la industria, y sus consecuencias se dejarán sentir en los próximos años.

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Bajo el mandato de Donald Trump, el gobierno de Estados Unidos se ha dedicado a minar los intereses de las empresas tecnológicas chinas en los países occidentales, y uno de sus principales objetivos ha sido impedir que empresas como Huawei se haga con los contratos de infraestructura de los operadores americanos, europeos y de otras regiones. Hasta ahora esta estrategia ha dado sus frutos, ya que se han cancelado los contratos de infraestructuras 5G en Reino Unido, Estados Unidos y otros países, pero según los expertos de la industria esto va a tener un efecto negativo prolongado en la industria de telecomunicaciones, en su conjunto.

Como explican en el último informe publicado por ABI Research, solamente excluir a Huawei de las implementaciones retrasará el lanzamiento de ciertos servicios 5G varios años, y obligará a los operadores de telecomunicaciones a asumir enormes costes para reemplazar la infraestructura que ya habían instalado, algo valorado en varios miles de millones de dólares.

Para Leo Gergs, analista de investigación de mercados 5G en ABI Research, “nuestra investigación muestra que prohibir a Huawei y ZTE de las implementaciones de 5G y restringir su acceso a las cadenas de suministro de silicio y semiconductores tendrá graves implicaciones en el desempeño económico. Además, prohibir estos proveedores chinos obstaculizará la I+D de 5G y 6G”.

Lo principal para los expertos son las implicaciones económicas para los operadores de red, que no solo tendrán menos opciones para la compra de equipos, sino que al restringir el volumen de proveedores habrá menos competencia en el mercado, y esto no es precisamente positivo. Como explica Gergs, “esta competencia imperfecta disminuye inevitablemente la presión de los precios a la baja, lo que obliga a los operadores de red a pagar costos más altos por los equipos de red que si estuvieran en condiciones de competencia perfectas”.

Por otro lado, restringir el acceso de empresas como Huawei o ZTE a los chipsets 5G de fabricantes de Estados Unidos puede ser muy perjudicial para la economía de la industria de semiconductores del país. Sobre todo, teniendo en cuenta que las medidas de Estados Unidos han forzado a Huawei a comenzar el desarrollo de sus propios chipsets 5G para sus equipos, un paso más hacia la independencia del país de los proveedores extranjeros.

Así, se prevé que Huawei podría hacerse con todo el mercado chino, así como con otros mercados asiáticos, que no se ven forzados a seguir la política norteamericana, como sí ocurre en América o ciertos países de Europa. Y, como explica Gergs, “las empresas estadounidenses de semiconductores generan una parte sustancial de sus ingresos en China. La inminente erosión de la demanda afectará gravemente a la industria de semiconductores de EEUU”.

Otro problema derivado de este conflicto geopolítico es que los esfuerzos para lograr una absoluta estandarización de las tecnologías 5G podrían verse gravemente afectados, ya que las empresas chinas han sido hasta ahora grandes contribuyentes a esta iniciativa. Gergs dice que “despojar a Huawei de la oportunidad de monetizar esta inversión en I+D hará que Huawei reconsidere y reduzca sus esfuerzos. Como resultado, el despliegue y la evolución de 5G sufrirán no solo a nivel nacional sino también a nivel mundial”.

Por ello, recomienda a los reguladores que sean muy cuidadosos y eviten tomar decisiones sobre asuntos económicos y tecnológicos basándose en la política. Afirma que, “para garantizar que 5G pueda revelar su verdadero efecto transformador en el mundo, los reguladores y los organismos políticos deben evitar que el lanzamiento de 5G se convierta en una moneda de cambio para los intereses geopolíticos”.