Desafíos para la expansión de vehículos conectados con V2X de corto alcance

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Los vehículos conectados están madurando hacia un modelo de conectividad V2X de corto alcance, que permitirá enviar y recibir información en un ecosistema vial digitalizado. Por el momento, Europa es el país donde más unidades se fabrican con esta tecnología, y China le sigue de cerca, y para el año 2025 se espera que más de 10 millones de coches cuenten con esta conectividad en todo el mundo.

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El sueño de la conducción autónoma todavía está lejos de cumplirse, pero mientras tanto los fabricantes de vehículos están evolucionando sus coches hacia el modelo de conectividad V2X. Esto implica el flujo de información entre vehículos y con una infraestructura vial digitalizada, que incluirá un sinfín de dispositivos en las ciudades y carreteras. Los investigadores de ABI Research explican que la adopción de v2X de corto alcance está creciendo en Europa, aunque, por el momento, solo de la mano del fabricante Volkswagen, y no será hasta el año 2027 cuando despegue definitivamente este estándar.

En cambio, en la industria de China se está produciendo una rápida expansión de este estándar, y para el año que viene logrará superar a los fabricantes europeos en volumen de coches equipados con esta tecnología. Y, en general, se espera que para el año 2025 existan más de 10 millones de vehículos con V2X de corto alcance. En sus investigaciones, ABI Research ha hallado que la comunicación indirecta de vehículos a través de las redes celulares (con V2N2X o I2N2V) todavía representa la mayor oportunidad sin explotar para el concepto V2X, y para el año 2025 habrá unos 346 millones de vehículos capaces de conectarse mediante redes celulares de forma indirecta. Mientras tanto, las conexiones celulares en ciudades inteligentes superarán los 165 millones a nivel mundial.

Uno de los factores que está ralentizando la adopción de V2X de corto alcance en Europa es la falta de compromiso de los fabricantes con esta tecnología, y con la actual inestabilidad económica las marcas están priorizando la conectividad a través de redes celulares secundarias. Aunque existen oportunidades de crecimiento de la mano de los camiones y vehículos privados OEM, que para 2023 podrían acelerar la implementación de ITS-G5 (Intelligent Transport System), basado en WiFi. Y, como explica Maite Bezerra, de ABI Research, Estados Unidos se encuentra muy rezagado en la expansión de V2X, aunque ahora cuenta con un sólido marco regulatorio para C-V2X que permitirá acelerar el despliegue de este modelo de conectividad.

Mientras tanto, se está posponiendo la inclusión de V2X en el esquema de calificación Euro NCAP, que anteriormente se preveía para 2025 y ahora parece que no llegaría hasta 2027, debido a la falta de tiempo para desarrollar los protocolos de prueba necesarios y a la escasez de laboratorios donde realizar las pruebas y validaciones requeridas. Bezerra señala que “si este es el caso, coincidiría convenientemente con la preparación de las nuevas tecnologías de radio (802.11bd/NR-V2X PC5), lo que significa que los fabricantes de automóviles podrían omitir la implementación de radios existentes/heredadas, siempre que sean compatibles con versiones anteriores de la infraestructura ITS-G5 actual. Sin embargo, retrasaría aún más el despegue de la tecnología”.

En Estados Unidos existe otro problema adicional, ya que hay serias dudas sobre si se podrá contar con un espectro de frecuencias lo suficientemente amplio para algunos casos de uso relacionados con V2X, a pesar de que la FCC está trabajando para otorgar un rango de frecuencias válido a la industria del automóvil. En China todavía hay pocos modelos de vehículos equipados con C-V2X, pero 25 OEM de la industria nacional se encuentran en diferentes etapas de producción de esta tecnología, por lo que se espera un crecimiento exponencial a partir de 2023.

Más allá de si se realiza a través de redes celulares secundarias o mediante tecnología integrada en los propios vehículos, el concepto de V2X va a seguir desarrollándose, ya que tiene un enorme potencial para aumentar la seguridad vial, optimizar el tráfico y reducir las emisiones de carbono, especialmente en las grandes ciudades. Además, este tipo de conectividad es la base para construir el futuro ecosistema de conducción autónoma, en el que los vehículos deberán ser capaces de desenvolverse solos, empleando no solo tecnologías de mapeo del entorno y posicionamiento, sino comunicándose entre ellos y con la infraestructura vial.