Banda ancha por luz para llevar Internet a zonas remotas

  • Infraestructura

Project Taara

El innovador proyecto Taara, apoyado por Google, ha diseñado una tecnología de conectividad inalámbrica mediante impulsos lumínicos que ofrece una alternativa a las costosas infraestructuras de fibra óptica o satélites. Ahora, sus responsables acaban de anunciar una nueva alianza con la que proporcionarán acceso a internet de banda ancha a una remota región de Kenia, lo que permitirá probar en condiciones reales una tecnología que podría tener un gran futuro en las telecomunicaciones.

Recomendados: 

La era de la conectividad Webinar

IT Trends 2021. La TI salva el negocio Webinar

Las redes privadas 5G permiten la transformación digital empresarial Leer 

Uno de los principales retos que enfrenta la industria de telecomunicaciones es llevar internet de banda ancha a regiones remotas, y se están explorando varias tecnologías para lograrlo. Las más popular en los últimos años viene de la mano de las redes satelitales de orbita baja destinadas a proporcionar banda ancha, algo en lo que están trabajando grandes firmas como SpaceX o Amazon, y otras más modestas, como la británica OneWeb, cuyo destino aún está por decidir.

Pero existen otros enfoques diferentes que están comenzando a cobrar fuerza, como es el caso del proyecto Taara, enmarcado en el hub de innovación “X, the moonshot Factory”, que cuenta con el apoyo financiero de Alphabet, la empresa matriz de Google. El objetivo de esta iniciativa es construir sistemas de transmisión de banda ancha a través de impulsos lumínicos, una tecnología de comunicación óptica inalámbrica que ha demostrado su eficacia y ya ha comenzado a dar sus primeros pasos en África.

Concretamente, los responsables de este proyecto acaban de anunciar su alianza con la firma Econet Group para establecer los primeros enlaces en diferentes regiones de Kenia, donde la conectividad es un grave problema para la población. Pero esta es solo una de las muchas regiones en todo el mundo que no disponen de conectividad de banda ancha, algo fundamental para la vida moderna y los negocios digitales. Y no solo se trata de países emergentes, sino que en la propia Norteamérica y en Europa hay muchas regiones remotas donde los habitantes no disponen de buena conectividad.

En estos países, al menos por ahora, se espera contar con redes satelitales, pero estas todavía no han comenzado a operar y es posible que no logren cubrir todas las necesidades de ancho de banda. Como explican sus creadores, en Project Taara (anteriormente conocido como The FSOC Project), creen que la clave para cerrar la brecha digital es encontrar nuevas formas de ofrecer una conectividad de alta velocidad asequible, lo que se ha convertido en el objetivo fundamental de esta iniciativa.

Para ello, han trabajado durante los últimos años con diferentes socios que les han permitido encontrar su propia forma de ampliar las redes existentes, empleando tecnologías que permitan llevar las capacidades de banda ancha a regiones de difícil acceso, o donde las empresas de telecomunicaciones no ven beneficios en la instalación de infraestructuras de alto coste para un volumen escaso de clientes. Como resultado de estos esfuerzos, ahora han desarrollado este nuevo proyecto en Kenia, que esperan sea la antesala de una mayor expansión en esta región y, posteriormente, en otras por todo el globo.

Como explican sus creadores, el principio básico de la tecnología desarrollada por el proyecto Taara e el mismo que el empleado en la fibra óptica, pero el canal no es un filamento, sino el aire. Como es sobradamente conocido, en este medio se producen perdidas de señal, por lo que este sistema garantiza una capacidad de transmisión de lasta 20 Gbps a una distancia máxima de 20 kilómetros. Para ello enlazan las redes existentes de fibra óptica a una serie de repetidores equipados con las unidades de transmisión diseñadas por Taara, que solo requieren una instalación a cierta altura para recibir la señal, ya sea en postes, torres o edificios. Desde ahí se puede rebotar hacia otras estaciones de repetición, que permitan salvar las distancias entre poblaciones sin necesidad de cables. Y, finalmente, la estación receptora al final de la cadena cuenta con la infraestructura necesaria para redistribuir el acceso a la población.